CÓMO APRENDÍ A SER FEMINISTA

Es difícil nacer feminista, creo que el feminismo es una decisión y de momento se tiene que aprender a serlo.



Me voy por partes, el FEMINISMO en su más pura definición, sin meternos en tantos embrollos nos dice que se trata de una doctrina o movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de derechos y capacidades que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.


En una segunda definición un poco más extensa pero igualmente sencilla nos dice que el FEMINISMO es un movimiento social que exige la igualdad de derechos de las mujeres frente a los hombres. La palabra proviene del latín femĭna, que significa ‘mujer’, y se compone con el sufijo -ismo, que denota ‘doctrina’ o ‘movimiento’.


El feminismo, actualmente, se constituye como una corriente de pensamiento que aglutina un conjunto de movimientos e ideologías, tanto políticas como culturales y económicas, con el objetivo fundamental de lograr la equidad de género y la transformación de las relaciones de poder entre hombres y mujeres.





Y una vez aclarado el punto, vuelvo a lo que mencionaba al inicio de mi escrito, a la fecha una no nace feminista, algunas aprenden con su propia historia, algunas aprendemos gracias a alguna maestra, a la historia de nuestras madres, nuestras abuelas, con las palabras de alguna amiga, con un libro, en una clase, observando, reflexionando, la forma es variada el fondo es el mismo, vamos aprendiendo, vamos cuestionando.


Hubo un tiempo en el que se creía que las mujeres éramos ‘criaturas tontas que no sabían pensar’, ha habido momentos y lugares en los que se ha creído que las mujeres somos impuras, sucias, malignas (tengo un video acerca de las brujas, te lo dejo AQUÍ), ha habido épocas en las que las mujeres han logrado grandes proezas, como lo hizo Cleopatra y aun así no bastó para muchas otras. Ha habido tiempos en los que a las mujeres no se les permitía ser médicos, por suerte en México tuvimos a Matilde Montoya de quien tengo también un video (te lo comparto AQUÍ) y quien fue la primer mujer médica de nuestro país. Ha habido tiempos en los que se ha creído que las mujeres no deben estudiar, que solo sirven para criar, que solo sirven para la casa, que es una pérdida de tiempo dejarlas estudiar, estos tiempos no están tan alejados de mí, tuve compañeras que no hicieron la preparatoria porque para sus padres ‘con la secundaria bastaba, debido a que después se iban a casar y para qué tirar dinero’.





Por suerte, siempre ha habido mujeres que se atreven a ir más allá, a cuestionar, a aprender, a alzar la voz. Mujeres que piensan y dicen en voz alta sus ideas, mujeres de ciencia, mujeres con conocimientos, mujeres inconformes. Y ahora podemos dedicarnos a lo que se nos dé la gana, podemos votar y ser votadas, podemos tener propiedades y dinero propio, podemos elegir con quien casarnos, podemos estudiar, podemos participar en olimpiadas, entre muchas otras cosas.


Mi abuelo materno, a diferencia de sus congéneres de su época, hizo de todo por darle estudios a mi madre y tías (si así lo deseaban), porque él creía que tenía que darles alguna herramienta extra por si se casaban y les tocaba ‘un mal marido’, él no quería que aguantaran malos tratos, él quería que tuvieran herramientas y opciones, estaba bien si se casaban y se dedicaban al hogar, estaba bien si trabajaban, estaba bien lo que ellas eligieran y el poder de elegir es un gran poder.





En mi casa mis hermanos y yo hacíamos labores del hogar, a la fecha planchan ropa mejor que yo, con precisión de cirujano, saben cocinar, saben atenderse, saben atender a su mujer si lo necesita, tienen la opción de hacer acuerdos, de decidir lo que mejor convenga a su relación de pareja, así pues, no necesitan a una mujer para que los atienda, tienen a mujeres en su vida para que les sumen, para acompañarlas, para sumar. Y al final, yo crecí con una cierta igualdad, pero también crecí sabiendo que tendría que ponerme un short debajo del uniforme para que si a los niños se les ocurriera levantarme la falda no se me vieran los calzones, crecí pensando que tenía que darme a respetar, crecí creyendo que si le hablaba yo primero al chico que me gustaba sería una rogona o buscona, crecí sabiendo que era especialmente peligroso salir sola de noche (al menos solo era de noche, ahora es de a todas horas), crecí creyendo que había prendas que no podía usar porque parecería ‘puta’ y no hablemos de esa palabra, puta, porque da para otro artículo.


Igual, no culpo a mi entorno, soy parte de una sociedad machista, la sociedad se fue formando durante años, quienes nos educaron compartieron sus creencias, lo hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tuvieron a la mano y listo, lo cual no significa que tengamos que quedarnos ahí, se agradece lo bueno, lo que consideramos que aún nos sirve y se cuestiona lo demás, lo que no nos suena tan lógico o adecuado, lo que no va con nosotros, lo que no nos funciona.





Entonces ¿Dónde aprendí a ser feminista?... creo que todo inició en la prepa, esa etapa en la que inician las revoluciones, fue gracias a la maestra Águeda Sánchez, una de las más temidas por su estricto actuar, pero a quien yo agradezco ese andar lleno de cuestionamientos, de aprendizaje. Ella en una clase nos habló del machismo, de lo que no debemos permitir, de lo que debemos aprender a cuestionar, nos enseñó un libro llamado EL MACHISMO INVISIBLE de Marina Castañeda y ahí comencé a ver todo diferente, pero sin odiar.






El feminismo no odia, no excluye, al contrario, es incluyente. La misma maestra Águeda decía: soy feminista y tengo en casa a 3 hombres que amo (a su papá y 2 hijos) pero hay cosas que debemos observar.


Así pues, el feminismo no se trata de odiar a los hombres, se trata de buscar la equidad entre géneros, se trata de buscar las mismas oportunidades de trabajo, de sueldos, se trata de que todas sepan que tienen la oportunidad de elegir, que pueden ser madres, que pueden ser amas de casa, pero que también pueden ser presidentas, gobernadoras, científicas, médicas, astronautas, ingenieras, mecánicas, abogadas… lo que quieran.


El feminismo también se trata de dejar de poner etiquetas a los mismos hombres, que no se les juzgue de débiles, que no se les juzgue por llorar o expresar sus sentimientos, porque los hombres ‘no lloran, pero se suicidan más que las mujeres’, se lucha porque usen la ropa y colores que se les dé la gana, así pues, el rosa no es de mujeres y el azul no es de hombres, entre muchos conceptos más.


Los cuestionamos porque hay privilegios con los que han nacido y que no ven y no dudo que sean cosas que merecen, lo que mencionamos es que también las mujeres merecen esos privilegios.


Y disculpen si no los ponemos en el centro del discurso en días como el 8 de marzo, reconocemos que también ustedes tienen que enfrentar diversas problemáticas, pero deseamos que, aunque sea un día se nos escuche, queremos alzar la voz, queremos que vean que aún falta mucho camino por recorrer, queremos que entiendan que están matando a más de 10 mujeres al día ¡imagínate! Quizá son más mujeres de las que hay en tu familia ¿te imaginas que un día les toque a ellas? Nosotros no queremos que un día te falten, al contrario, queremos dejar de gritar, queremos que dejen de faltar, queremos dejar de vivir con miedo de un día no volver a casa o de que alguien le apague los ojos a una de las que amamos o a cualquier mujer más.





Si te pedimos que guardes tu distancia en algunos sitios, como en las marchas, no es para molestar o excluir es porque hay mujeres que han sufrido traumas y tú les supones un peligro, aunque no seas peligros, imagina que tienes un accidente de auto y al día siguiente debes subir a un auto, pero no quieres porque te da miedo, ese carro ya fue revisado, es seguro, pero para tu cabeza es una amenaza, entiende sin juzgar. Para todo hay un sitio, para todo hay un momento.


Las otras maneras de apoyar son cuestionando, todas hemos aprendido a cuestionar, todas hemos reído de bromas que no deberían causar gracia, porque crecimos viéndolo normal pero cuando adoptamos una ideología no fue para ofendernos, fue para ver lo que no debería estar bien, así pues, dejamos de reinos de chistes ofensivos, dejamos de insultarnos entre mujeres, aprendimos a apoyarnos, es un camino largo, muchas todavía estamos aprendiendo a ser feministas, pero es un camino que elegimos gracias a que podemos elegir.




Así mismo, sigo aprendiendo acerca de muchos otros temas, sigo cuestionando mis creencias, como muchas otras más igual que yo, te invito a que lo hagas, pero con la mente abierta. Y si por alguna razón no deseas hacerlo, está bien, es tu derecho, todos tenemos un momento, una historia, un camino.


Casi al final te comento que existen diversas corrientes del feminismo, algunas más radicales que otras y también existen personas que se aprovechan de la ideología para otras cosas, que la malinterpretan o tergiversan, a esas personas solo se les reconoce informándose acerca de la raíz de todo el movimiento.


Por último, me dirijo especialmente a los hombres, recordándoles que también existe un DÍA DEL HOMBRE, con el amor que tengo hacía los caballeros que me rodean (abuelos, padre, hermanos, sobrinos, pareja) me alegra que exista ese día y les pido que lo usen no para pedir felicitaciones o cervezas, sino para visibilizar las problemáticas que enfrentan, también los están matando, también los están desapareciendo (por diferentes circunstancias), también se están suicidando, también viven alienación parental, también tienen que manejar la crianza responsable, también deben hacerse revisiones médicas específicas y especiales.





Luchemos como equipo y por separado con nuestros congéneres y les aseguro que lograremos más que atacándonos entre géneros o atacando una u otra fecha. Seamos aliados, no enemigos.



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